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Fariña: “La investigación es fundamental para el crecimiento”

12/06/2017Santiago Fariña, ex coordinador de la Comisión de Lechería de AACREA se desempeña como director del Programa de Lechería de INIA en Uruguay. Su visión de la lechería del vecino país.

Tras un año y medio al frente del Programa de Lechería del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) de Uruguay, el Ing. Agr. Santiago Fariña repasó los principales proyectos de investigación en los que se está trabajando. La definición de los mismos se hizo en función del trabajo conjunto entre técnicos del INIA, el Instituto Nacional de la Leche (INALE) y productores, a los efectos de darle realidad a los temas que se investigan.

"Desde Argentina, la visión que se tiene de la lechería uruguaya es que es un sector exportador, con una cooperativa muy fuerte como lo es Conaprole, y con INIA y la Universidad como pilares de la investigación. Si bien si nos paramos desde Oceanía o Europa, Uruguay y Argentina parecen similares, hay elementos que no son tan visibles pero que diferencian mucho a ambos países", indicó el ex coordinador de la Comisión de Lechería de AACREA.

Dentro de los elementos que Fariña entiende que tienen mucha importancia para la lechería uruguaya está el ambiente, particularmente en lo que refiere a los suelos y al clima. "El suelo, con alto contenido de arcilla en la mayor parte del área en la que se produce leche, combinado con la alta frecuencia de condiciones de déficit hídrico que hay en verano, y de exceso hídrico en otoño e invierno, hace que sea un combo muy particular que provoca veranos muy complicados para la actividad y otoños e inviernos también muy complejos por el barro", explicó.

Por el lado de las ventajas, destacó la forma de funcionamiento que tiene la lechería en Uruguay: "Es muy positivo cómo articulan las empresas como Conaprole con el INALE, las gremiales lecheras, el INIA y las Universidades. Creo que hay una cultura de la cooperación muy fuerte y eso se traduce desde las cuestiones comerciales hasta cuando ves cómo los productores pudieron salir adelante a partir de confiar en Conaprole, que les fue sacando precio en momentos de bonanza para poder darles el año pasado un mejor valor cuando los precios estaban bajos, a través del Fondo de Estabilización de Precios". Esta sinergia, aseguró, también se observa desde la investigación. "Cuando se quieren llevar adelante proyectos, nos podemos sentar en la mesa con los distintos actores y conversar. Esa cultura que tiene el Uruguay creo que es una fortaleza", enfatizó.

Tres grandes temas

Sobre los objetivos del INIA a largo plazo, Fariña recordó que cuando él ingresó se estaba delineando el plan de trabajo para los próximos cinco años. "Lo primero que se planteó el instituto en las distintas áreas fue consultar a los referentes del sector acerca de cuáles serían los principales desafíos o amenazas para el futuro, y a partir de allí definir las líneas de investigación a plantearse", relató.

Recordó que el INIA no busca achicar la brecha entre los productores, sino que estudia los problemas futuros de los que están enfrentándose a nuevos desafíos, es decir los del cuartil superior. "En ese sentido, se hicieron muchos talleres de discusión y definición de metas, priorizándose tres grandes temas. Uno fue el desarrollo de sistemas de alta producción por hectárea pero con bajo costo y alta cosecha de forraje por hectárea, que es el gran déficit que tiene el Uruguay. El otro tema fue el factor humano en el tambo, pensando en cómo hacer que todo este salto en intensificación productiva que estamos teniendo y el que hace falta hacia adelante, sea de una forma atractiva para las personas, tanto para los empresarios productores como para su equipo de trabajo. Y el tercer desafío fue el ambiental, en particular las cuestiones prediales y, dentro de esto, lo que tiene que ver con el suelo y el agua", detalló Fariña. Por lo tanto, para el instituto uruguayo, lo fundamental es lograr la intensificación productiva y mejorar la rentabilidad, pero cubriendo esas tres etapas que relató el director del Programa de Lechería del INIA.

Pensar con ellos

Fariña entiende que "históricamente, la investigación siempre ha estado en ese péndulo de investigar o trabajar con el productor, como si fueran cuestiones contrapuestas". "INIA se plantea -y nosotros tomamos esa postura- que no son dos cuestiones contrarias sino que se pueden lograr ambas, involucrando a los productores en esa investigación. De esa manera, cuando se plantea un proyecto de investigación, no hay que esperar tres años para ir a contarle a los productores de qué se trata, sino que se piensa junto con ellos", señaló. A su entender, esto permite darle realidad a los temas que se investigan y generar la expectativa entre los productores para conocer los resultados. "Este sistema, si bien es laborioso, da muchas satisfacciones y se utiliza en muchas partes del mundo", agregó.

Esta forma de trabajo ya se ha puesto en marcha en el Programa Nacional de Lechería de INIA en el último año y medio, convocando a técnicos de INALE y productores referentes en distintas líneas de pensamiento, es decir, productores con vacas de altísima productividad y alto nivel de confinamiento y otros muy pastoriles. Esto permite que dentro de esos proyectos, se evalúen distintas disciplinas. "La verdad que es muy gratificante ver cómo ellos mismo, a partir de su opinión, provocaron que fuéramos cambiando la idea del proyecto, sintiéndose los propios productores dueños del mismo", enfatizó.

Más forraje y más bienestar

Dentro de los proyectos de investigación que lleva adelante INIA, Fariña destacó el denominado proyecto ‘10-MIL' (Módulos de Intensificación Lechera), diseñado a partir del trabajo con técnicos de INALE, asesores privados y productores. Se denomina así porque apunta a cosechar 10 toneladas de forraje por hectárea vaca masa (VM) por año y producir 1.000 kilos de sólidos producido por hectárea vaca masa (VM) por año. "Es un estudio de sistemas en el que se evalúan dos estrategias para llegar a ello. Una, que es quizás la estrategia más tradicional en el Uruguay, que es de 33-33-33 (33% de concentrado, 33% de reserva y 33% de pastoreo directo) y otra que también tiene un 33% de concentrado pero que maximiza el porcentaje de pastoreo directo en función del crecimiento del pasto (pudiendo llegar a un 60-65% de la dieta total promedio año), mientras que la reserva es el complemento", explicó. Estas dos estrategias son evalua¬das en módulos comparativos donde el suelo, la infraestructura y la gente es la misma. "Esa evaluación se cruza también por tamaño de vacas o biotipos. Por un lado se utilizan vacas de la raza Holando Americano, que es el más tradicional, en base al rodeo de INIA La Estanzuela y el otro es un Holando con 75% de genes neozelandeses".

Dentro del sistema se van a evaluar siete componentes distintos: el aspecto económico, el manejo del pastoreo, el bienestar animal, la calidad de la leche, la nutrición, el ambiente y el factor humano. "Hasta ahora estuvimos discutiendo con los productores y técnicos, viendo el diseño de estos módulos, y sobre fines de abril se comienzan a ordeñar las vacas", detalló.

Otro de los proyectos en los que viene trabajando INIA es sobre los sistemas de ordeñe voluntario. "En función de la segunda prioridad, es decir el factor humano, está el estudio de cómo adaptar un sistema de ordeñe voluntario a las condiciones de Uruguay. Es un sistema que ya tiene más de 40.000 unidades en el mundo. La mayor parte de estos están en países que producen bajo confinamiento, y sólo algunos pocos en países más pastoriles como Irlanda, Nueva Zelandia y Australia. En Argentina también hay uno. Pero no sabemos, con las condiciones particulares de Uruguay, donde hay pastoreo y suplementación, cómo se adaptan estos sistemas. Tenemos momentos en el año en los que debemos encerrar a las vacas para darles ración; tenemos también veranos muy secos y con alto estrés calórico, y otoños e inviernos muy duros con altas condiciones de barro", explicó.

A su entender, si bien estos sistemas no son una opción para implementar de forma inmediata en el país, van a ser la mayor parte de los tambos nuevos del futuro. "Nosotros tenemos que dar las condiciones para ver cómo se manejan estos sistemas. El productor no tiene que salir a aprender sólo con pérdidas económicas", indicó.

Para Santiago Fariña, "desde la investigación se le debe dar al productor el ‘know how' para que luego quien quiera plantearse armar un tambo de cero o una nueva sala de ordeñe, tenga todo el conocimiento".

Juan Dellapiazza
Periodista de Uruguay
Nota Revista Infortambo Junio 2017
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