La Cámara de Comercio Exterior de Brasil (CAMEX) dictaminó dumping contra la leche en polvo argentina y uruguaya, aunque se decidió suspender aranceles punitivos.
Sin duda es un fallo técnico histórico que sacude los cimientos comerciales del Mercosur al dictaminar por unanimidad que existió dumping en las exportaciones de leche en polvo provenientes de Argentina y Uruguay. Sin embargo, en un sorpresivo giro político y macroeconómico, el gobierno de Lula da Silva decidió suspender de forma inmediata la aplicación de los aranceles punitivos. La justificación oficial: resguardar el interés público y evitar una escalada inflacionaria en el precio local de los alimentos. La resolución del Comité Ejecutivo de Gestión (Gecex) brasileño congeló el cobro de recargos aduaneros por un plazo de hasta cinco años.
Si bien la medida garantiza que el flujo de lácteos hacia el principal motor de la región continúe sin trabas impositivas inmediatas, el veredicto técnico de culpabilidad encendió las alarmas diplomáticas en Buenos Aires y Montevideo, abriendo un escenario de conflicto que promete trasladarse a los tribunales internacionales.
En los despachos oficiales de la región, la noticia se recibió con una mezcla de alivio pragmático y rechazo técnico contundente. El Ministerio de Economía de la Nación Argentina emitió un comunicado donde tomó nota de la decisión de Brasil de suspender los derechos antidumping. Desde el Palacio de Hacienda destacaron la conveniencia de priorizar el comercio bilateral y evitar la aplicación de medidas restrictivas. No obstante, la diplomacia argentina mantiene la guardia alta. En estricto off the record, negociadores de la Cancillería calificaron el dictamen técnico como insostenible y acusaron un grave error metodológico al comparar la leche cruda con el producto procesado en polvo. “La decisión sienta un precedente peligroso para interpretaciones técnicas divergentes”, advirtieron las fuentes, añadiendo que la resolución final esconde una “maniobra política del gobierno brasileño para responder a los productores en año electoral”.
Del otro lado del Río de la Plata, el malestar técnico es idéntico. Ricardo de Izaguirre, presidente del Instituto Nacional de la Leche de Uruguay (INALE), reconoció el alivio que genera la suspensión del arancel, pero fustigó el trasfondo de la investigación. “Desde el inicio se tenía claro que la medida no correspondía técnicamente”, afirmó el dirigente. De Izaguirre apuntó directamente al factor doméstico brasileño como el motor del conflicto, señalando que en ese país existe “un millón de productores tamberos haciendo presión”.
El fantasma de los subsidios y el fantasma de la inflación: La controversia radica en las acusaciones de los tamberos brasileños, quienes denuncian que Uruguay otorga ventajas desleales a través del denominado “Fondo Lechero”. Desde los ministerios uruguayos respondieron con números: el mercado interno de su país representa menos del 1% de sus ventas totales, por lo que resulta matemáticamente imposible que ese porcentaje subsidie el 99% restante que se destina a la exportación. Pese, a la presión de su bloque agropecuario, el ala económica de Brasil optó por la cautela. Aplicar un impuesto a la leche en polvo argentina y uruguaya habría significado un encarecimiento inmediato de los productos de la canasta básica brasileña. La figura del “interés público” funcionó como el salvavidas político ideal para Lula da Silva: conformó el reclamo técnico de sus productores, pero protegió el bolsillo de los consumidores brasileños.
Próxima estación: la OMC: La tregua arancelaria no frenará la batalla legal. El gobierno argentino ya anunció de manera formal que llevará el caso ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) para impugnar el criterio metodológico utilizado por Brasil. En Montevideo, los equipos jurídicos evalúan sumarse a la misma demanda. Para los socios menores del bloque, quedar marcados bajo el rótulo técnico de competidores desleales es una mancha que vulnera las reglas del libre comercio regional. Mientras la leche en polvo sigue cruzando las fronteras sin pagar recargos, la diplomacia del Mercosur ingresa en una fase de profunda desconfianza.