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El diagnóstico final

4/01/2019Cuando se empiezan a medir los resultados físicos y económicos en la empresa, se van despejando algunas incógnitas, se le va poniendo números a lo que antes eran sensaciones. Pero al mismo tiempo, comienzan a aparecer interrogantes, y la tarea que viene entonces es poder contestarlos.

No debe haber dos empresas que compartan los mismos resultados. La diversidad es importante, de modo que hay grandes diferencias entre la situación de unas comparada con la de otras. Tanto en los tiempos de bonanzas como en las de crisis, hay empresas que obtienen mejores resultados que otras. En algunos casos, se observan empresas que sistemáticamente

obtienen buenos resultados, mientras que, en el otro extremo, están aquellas que siguen sin poder remontar sus magros resultados económicos, incluso negativos. En el medio podemos encontrar probablemente a la mayoría de las empresas, que van alternando, con el paso de los

ejercicios, con resultados que suben y bajan. Y cuanto más importante, es esa diferencia, más se acentúa el llamado “serrucho de resultados”, lo cual no es lo más aconsejable.

 

La gran pregunta

La pregunta que básicamente se suele escuchar en las empresas es por qué tal o cual empresa le va mejor en relación a tal otra, tomando determinado ejercicio anual o período parcial considerado. Y también rige cuando se analiza una misma empresa en diversos ejercicios, en la llamada comparación horizontal, para poder concluir lo que se sintetizaría en

“por qué le fue como le fue”. En muchos casos, suele suceder que no se llega a alcanzar esa etapa de análisis, que al fin y al cabo es lo más importante. Porque, en el razonamiento inverso, sería para preguntarse: “¿y para qué se calcularon todos estos resultados si no se puede llegar a concluir en los puntos fundamentales, en las causas de lo ocurrido?”. Esta falta de un diagnóstico final, incluso actúa entonces como un desaliento, como para no continuar con la toma de datos y más datos, si al fin y al cabo no se les puede terminar de sacar el jugo.

O, en el caso de hacerlo, eso llega meses después de haber cerrado el ejercicio, y quizás ya se está viviendo una realidad muy diferente a aquella que fue la de los doce meses ya cerrados.

 

Todo termina en los números

La frase puede parecer una obviedad, pero en realidad, es una forma de tomar conciencia de que todo lo que se realice, tarde o temprano va a verse reflejado en el resultado económico.

En algunos casos se trata de medidas concretas, en otros, de intangibles, pero a la larga, todo termina en lo económico, y aunque a veces parezca difícil encontrar una conexión entre lo llevado a cabo y el resultado económico obtenido.

 

Muchos interrogantes

Se suele hablar mucho del término “eficiencia”. Se suele afirmar que allí está la clave, y que en esa palabrita mágica se encuentran todas las respuestas. Pero, lamentablemente, no se suele aclarar a qué se refiere específicamente. Es más, puede que tenga una diferente definición para varias empresas. Por si no hubiera pocas preguntas, se agrega entonces otra: “¿y qué es entonces ser eficiente?” De modo que hay que encarar las cosas además por otro lado, más claro y que no deje lugar a confusiones. El primer paso sería poder hacer una gran división entre los grupos de factores que pueden explicar los resultados: los ingresos por un lado y los egresos por otro. Otra medida que parece ser otra obviedad, pero en realidad no lo es, ya que permite comenzar a organizar el análisis de cada empresa, es considerar que hay condiciones que son necesarias pero no suficientes para que en las empresas las cosas vayan bien, pero también mal. Y lo tercero, detectar y centrarse en los factores que “mueven la aguja”, los de la “primera línea” dejando para un análisis posterior más fino, si se desea, el resto de los factores, o por lo menos los de la “segunda línea”.

Consideremos entonces dos empresas, bajo nombres de fantasía, pero que reflejan situaciones reales: “Las Espuelas” y “El Resuello”. La primera es la que viene en peor situación. Este análisis se puede ampliar a un grupo de empresas, con la premisa que todas ellas sean evaluadas utilizando los mismos criterios, de modo de no comparar “peras con manzanas”. Algunos se vienen preguntando entonces, por ejemplo: ¿será que en El Resuello los menores gastos de estructura y administración son los responsables de las diferencias? ¿Tendrá que ver también la diferente producción individual? ¿Y por qué no tomar en cuenta el precio de la leche de una y otra empresa?. Como éstas, muchas otras preguntas pueden ir surgiendo, de modo de poder explicar por qué ambas empresas llegan a resultados tan diferentes. Y el mismo análisis se puede aplicar incluso al El Resuello, que tuvo un buen ejercicio actual, pero inferior al anterior. No todo es precio. Se suele caer en la tentación de atribuir como causa exclusiva los resultados obtenidos al precio de la leche. Pero, como decíamos antes, es un factor, muy importante por supuesto, pero no es el único o excluyente a la hora de los resultados. Hasta se puede dar el caso de empresas que, teniendo buen precio de leche comparado con otras en el mismo ejercicio, no terminan obteniendo los mejores resultados.

Es sabido que el sistema del tambo es de alta complejidad. Y eso hace que, a la hora del análisis, no sea tan simple explicar los resultados, como ocurriría, por ejemplo, con la actividad agrícola. Es más complejo pero por supuesto que no es imposible. Es cuestión de encarar la tarea, tomando información confiable, y a partir de ella comenzar a seguir el rastro de los resultados hasta las causas últimas que los produjeron, en un sistema que es multicausal, es decir que varios factores pueden estar interactuando simultáneamente, en mayor o menor medida, para que finalmente todo desemboca en el resultado económico tenga el valor que tenga, para bien o para mal. Ese es el gran desafío, especialmente en las épocas de crisis, ya que en la bonanza, poco es lo que salta como factores desfavorables.

 

Ing. Agr. Félix Fares para Infortambo

felixfares57@yahoo.com.ar



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