La crisis energética de Ormuz y el pacto con Mercosur reactivan movilizaciones en el sector lácteo
Una letal combinación de factores macroeconómicos, tensiones geopolíticas internacionales y un profundo malestar regulatorio ha empujado a miles de ganaderos y productores a reactivar las movilizaciones a lo largo de todo el continente. El estallido del conflicto militar en el estrecho de Ormuz, que ha disparado el precio del gasóleo agrícola en casi un 50%, actúa hoy como el detonante de una crisis estructural que amenaza con la quiebra masiva de las granjas familiares europeas.
A las puertas del invierno, las principales organizaciones agrarias exigen una intervención urgente e histórica a la Comisión Europea y a los gobiernos nacionales. El mensaje del sector es unánime: los costes de producción actuales hacen inviable mantener los precios de venta al público sin condenar a los productores a la ruina.
El «grito de socorro» del European Milk Board
En las últimas horas, el European Milk Board (EMB) ha formalizado una batería de peticiones legislativas de urgencia ante las instituciones comunitarias. El sindicato lácteo continental reclama la prohibición inmediata por ley de la «compra a pérdida», exigiendo que los contratos con la gran distribución industrial estén indexados de forma vinculante a los costes reales de producción en origen.
Los ganaderos denuncian que las cadenas de supermercados continúan presionando los precios a la baja, ignorando la volatilidad generada por la crisis energética en Oriente Próximo. Asimismo, exigen la activación inmediata del Programa de Responsabilidad del Mercado para reducir de forma voluntaria y compensada los volúmenes de leche, evitando así un exceso de oferta que hunda todavía más el mercado.
Un frente de batalla: el acuerdo con el Mercosur
El malestar agrario tiene otro enemigo declarado en la agenda de Bruselas: el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur. Las protestas, que han dejado imágenes de tractores colapsando las calles de París, Madrid y el barrio europeo de Bruselas bajo el lema de «tractoradas fúnebres», mantienen el pacto en un limbo de ratificación.
Los productores acusan a las autoridades de imponer una doble vara de medir. Mientras los ganaderos europeos deben asumir estrictas normativas medioambientales y sanitarias, el acuerdo permitiría la entrada de productos sudamericanos que no cumplen con las mismas exigencias fitosanitarias. «Es competencia desleal financiada por nuestras propias instituciones», señalan desde los sindicatos franceses.