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Bélgica, donde la producción del campo llega a los hogares gracias al «autoservicio»

Bélgica, donde la producción del campo llega a los hogares gracias al «autoservicio»

Bélgica, un país de poco más de 11 millones de habitantes y un ingreso per cápita de u$s 48 mil anuales, asume usos comerciales que requieren una actitud de franca honestidad por parte de los consumidores a la hora de adquirir alimentos, como leche, quesos o yogures, en un viaje directo entre el campo y la ciudad.

Allí, como en otros países europeos, resulta normal que el consumidor asuma la práctica de tomar de una cesta, escaparate o heladera el alimento fresco que desee y abone de propia iniciativa, y sin interacción con un comerciante o productor, el monto reclamado en una pequeña caja de metal donde se recolecta el dinero.

La práctica de vender verduras, y otros productos de granja resultan habituales en las rutas que atraviesan la ruralidad europea: en este caso, por la botella de vidrio de leche fresca que se puede obtener de una máquina automática se cobra 1 euro, y por el bidón de plástico, se debe pagar a razón de 50 centavos de euro.

Sobre los productos lácteos reza un cartel luminoso: Het Melkhuisje Heerlijk Lokaal. La identificación para el consumidor es sencilla, la traducción del belga al castellano, define al lugar en cuestión como «Local de la Maravillosa Casa de la Leche». Si, no lo duden, son muy directos para presentar su producción y procurar una retribución justa por parte del consumidor, a quien tratan de forma explícita y directa.

AQUI datos de la explotación a través de facebook de Het Melkhuisje

La granja está ubicada en la localidad de Knesselare, ubicada en la provincia de Flandes Oriental, en Bélgica.

En la tienda, que no cuenta con despachando y allí es donde crece el rol de honestidad del consumidor, que opta por llevarse la mercadería y depositar el precio justo reclamado por el productor; todo está puesto para que no exista reclamación del visitante. En ella también se suman además de los lácteos, otros productos seguramente de la zona, de productores de miel, dulces de frutas, papas, verduras y hasta pan de la granja.

Aquí, por difícil que sea de creer, tenemos un ejemplo a través del video que envió a Infortambo un lector habitual de nuestras publicaciones. Bélgica cuenta con un total de 140 mil carreteras asfaltadas: donde pueden encontrarse en las áreas rurales tiendas de alimentos, que conectan a la producción del campo directo entre la huerta o el tambo con los hogares de consumo.

A gusto del consumidor, que debe asumir la disposición de «autoservicio», podrá tomar allí otros productos de granja además de leche fresca, o lácteos, como quesos, postres como arroz con leche y yogures caseros. Se anotan manzanas, papas, cebollas y hasta verduras de hoja verde. El monto a pagar está rotulado frente al productor seleccionado.

Esto puede encontrarse hoy en día en Bélgica, u otros países de la región. Es una práctica común para los belgas, y otros tantos europeos, y no solo por la distancia social que impone la pandemia del coronavirus. Funcionaría en la Argentina: es de suponer que no. Allí pesan cuestiones culturales que pueden no ser aceptadas en un país cuyos valores culturales y sociales se han ido degradando en las últimas décadas.

 

Buenos Aires, 7 de abril de 2020

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