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Cuatro años complejos

Cuatro años complejos

Las dificultades macroeconómicas durante el período 2014-2019 y sus efectos sobre la Cadena Láctea. Hoy se está en un mejor punto de partida. La nota completa fue publicada en la edición número 366 de noviembre de 2019 de la revista Infortambo

Por Nicolás Torre *

Desde 2014 la cadena láctea argentina viene enfrentando una serie de dificultades que la han llevado a un importante ajuste hacia su interior. En orden cronológico, los eventos con mayor impacto negativo fueron:

La baja de precios internacionales de los lácteos en 2014.
– La interrupción de Venezuela en sus compras de lácteos en 2015.
– La suba de costos tamberos por depreciaciones cambiarias de Diciembre de 2015, Septiembre de 2018 y Agosto de 2019.
– La caída del consumo doméstico de lácteos por caída de salarios en 2016, 2018 y 2019.

Como resultado de los fenómenos citados, en 2017 la producción apenas alcanzó los 10.097 millones de litros que representó un 8,3 por ciento menos que en 2014 –según datos de la Dirección Nacional Láctea (DNL)–, a pesar del importante programa de subsidios al sector tambero entre mediados de 2015 y 2016, pagado en su gran mayoría durante el transcurso del año 2016.
Sin embargo, desde 2017 la cadena inició un camino saludable: la búsqueda de un nivel de actividad que se pueda sostener genuinamente vía una combinación estable de demanda interna (consumo) y externa (exportaciones).

“Hay que rescatar dos líneas de trabajo claves como es la Transparencia y los Mercados para incrementar las oportunidades de que la Cadena Láctea vuelva a crecer en el futuro cercano”.

Fuente: IERAL de Fundación Mediterránea en base a Indec

Impacto devaluatorio
Para 2018 la producción se recuperó hasta 10.527 millones de litros (+4,2%). La significativa depreciación cambiaria de mediados del año pasado, representó una nueva amenaza y oportunidad para la ecuación económica de la cadena. Por un lado, generó un incremento de costos en los tambos como alimentos y bienes de capital por ejemplo, frente a una demanda de lácteos doméstica en contracción. Pero, por otro lado, mejoró la competitividad exportadora de la cadena. Este fenómeno se ha vuelto a repetir tras los resultados de las elecciones primarias de agosto de este año (PASO), lo que genera una nueva fragilidad interna para una cadena donde el mercado interno
absorbe el ochenta por ciento de los lácteos elaborados.

El consumo de lácteos doméstico en 2019, estimado a través del indicador “Ventas Internas” generado por la Dirección Nacional Láctea, se encontraba en retroceso hasta agosto de este año, aunque en relativa mejoría respecto a comienzos de año (Ver gráfico 1). En agosto pasado y previo a la última  depreciación cambiaria, el consumo de lácteos se contraía al 2% [Detalle: Leches Fluidas (-2%), Quesos (-3%), etc.].

La producción, en tanto, comenzaba a recuperarse en agosto con un crecimiento del 2,9 por ciento interanual, tras nueve meses de contracción (según DNL). Recordemos que la producción acumulada entre Enero-Agosto mostraba una caída de 3,9 por ciento interanual.

Este último factor, la escasez relativa de materia prima (leche cruda) hizo que el precio de la leche pagado a productor a mediados de 2019 alcance –en términos reales, moneda sin inflación– valores similares, en realidad apenas superiores, a los observados en 2014, permitiendo a los tamberos participar por encima del 29% en el Valor de la Integración láctea desde comienzos de 2019. Una situación que no se daba desde mediados de 2015 (Ver gráfico 2).

“Si en 2016 no se lograba conseguir fondos en el extranjero para evitar una política macroeconómica de austeridad al estilo “shock”, la pobreza en 2016 se hubiera incrementado desde 28-30% hasta 54-56%”

 

¿Qué hubiera sucedido si…?

Sin embargo, hasta aquí contamos todo “tal cual lo sucedido”. Pero ahora debemos preguntarnos: ¿qué hubiera sucedido si en 2016 la gestión actual no hubiese podido desarmar “gradualmente” el cúmulo de desequilibrios macroeconómicos recibidos en 2015 con un tipo de cambio “cepeado” (9 pesos el TC oficial contra 15 pesos el TC Libre) o tarifas energéticas atrasadas (en el caso de la electricidad solo cubrían el 15% del costo de su producción).

Este ejercicio contrafáctico es necesario, para poder comprender que lo que se esperaba de la gestión actual era demasiado, y que gran parte de lo resultante hasta la fecha no es tan malo como algunos actores valoran.

Arranquemos suponiendo que en 2016 la gestión que está por terminar no lograba conseguir fondos en el extranjero para evitar una política macroeconómica de austeridad al estilo “shock”. Estamos hablando de un desarme del cepo cambiario con suba de tarifas en un solo paso para cubrir el cien por ciento del costo energético y una suba adicional del Tipo de Cambio de 15 a 30 pesos por dólar por faltante de divisas para equilibrar la Balanza de Pagos Externo. Bajo esta situación, la pobreza en 2016 se hubiera incrementado desde 28-30 por ciento hasta 54-56 por ciento, generando una abrupta caída en el consumo de alimentos, y entre ellos, los lácteos.

A ciencia cierta, es imposible precisar la dimensión de la potencial caída en el consumo de lácteos durante 2016 y 2017, de haberse dado la situación macroeconómica catastrófica citada en el párrafo previo. Sin embargo, es aquí cuando se toma dimensión que la cadena láctea es muy vulnerable al
equilibrio macroeconómico interno de Argentina al considerar que representa casi el 80 por ciento de la demanda final de lácteos, y no puede ser soslayado el contexto macroeconómico histórico –al menos horizonte de los últimos diez años–, a la hora de comprender hacia dónde y en que dimensión, se mueve la principal variable crítica de la cadena láctea argentina que es el mercado
interno.

Transparencia y mercados
Para cerrar este análisis, hay que rescatar dos líneas de trabajo claves para incrementar las oportunidades de que la Cadena Láctea vuelva a crecer en el futuro cercano, como lo había hecho durante los noventa. Estos ejes se basan en:
– Profundizar los esfuerzos en transparentar la cadena.
– Continuar con los esfuerzos para incrementar la inserción externa.

En relación al primero, se destacan los esfuerzos de la actual gestión por medir el real desempeño de la cadena, a través de nuevas y modernas herramientas como por ejemplo ha sido el sistema SiGLeA-LUME.

En relación al segundo, queda pendiente la implementación de una estrategia firme para incrementar la inserción internacional, tanto en mercados vecinos como es el caso de Chile, o en mercados “Premium” como los EE.UU., Japón y Corea del Sur o en mercados lejanos de ingresos medios como es China y el Sudeste Asiático. La oportunidad está, y se debe continuar con las misiones comerciales por sectores y empezar a trabajar en Acuerdos de Libre Comercio como lo vienen haciendo Chile, Australia y Nueva Zelanda en las últimas dos décadas.

Consideraciones finales
De lo que hemos estado analizando a lo largo de este artículo queda claro que:
– Las dificultades por las que atraviesa la cadena láctea argentina son múltiples y se remontan a condiciones internas y externas desfavorables, esto es, frágil macroeconomía nacional desde 2014 más un contexto externo menos favorable desde 2015.
– La cadena se ha ajustado a las nuevas condiciones en los últimos años como ha sido la baja de producción, combinada con retorno a mayores colocaciones exteriores.
– El ajuste de la cadena podría haber sido mucho peor por lo que hemos analizado si la gestión 2016-2019 no lograba acceder a financiamiento para suavizar el aterrizaje macroeconómico  generado por los desbalances macro acumulados entre 2009 y 2015.
– Se debe continuar transparentando la cadena y fomentando las compras externas a través de políticas activas desde el Estado Nacional de la mano de la DNL y organismos co-responsables.

* Economista del IERAL – Fundación Mediterránea.

Buenos Aires, 1 de diciembre de 2019

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