El bloqueo y las severas restricciones en el Estrecho de Ormuz se han convertido en una crisis logística real que mantiene en vilo a los principales exportadores del sector.
La vulnerabilidad del histórico estrecho que separa la costa de Irán y los Emiratos Árabes Unidos es notable. Aunque el punto más estrecho del canal tiene apenas unos 33 kilómetros de ancho en realidad existen dos carriles principales, uno de entrada y otro de salid que cada uno tiene sólo 3,2 kilómetros. Por allí se estima que transitan bienes en especial petróleo y gas por un valor de 1.200.000.000 millones de dólares refleja el flujo de mercancías de los cinco principales exportadores del Golfo: Irán, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Bahrein.
El mapa del comercio mundial de lácteos enfrenta una de sus mayores pruebas de resistencia. El bloqueo y las severas restricciones en el Estrecho de Ormuz han dejado de ser una amenaza teórica para convertirse en una crisis logística real que, a marzo de 2026, mantiene en vilo a los principales exportadores del sector. Según la UNCTAD, el tránsito de buques por el estrecho cayó un 97% en la primera semana de marzo, pasando de 129 a solo 7 barcos diarios.
El impacto más inmediato se siente en el corazón del Golfo Pérsico. El cierre efectivo del estrecho ha cortado el acceso marítimo a destinos críticos como Irak, Kuwait, Baréin, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. Para dimensionar la magnitud del golpe: estos mercados absorbieron productos lácteos por un valor de casi 3.000 millones de euros durante el pasado 2025.
Mientras que Arabia Saudita logra sostenerse gracias a su infraestructura en el Mar Rojo, con el puerto de Jeddah como válvula de escape, el resto de la región se enfrenta a un aislamiento marítimo que amenaza con desabastecer productos básicos.
La interrupción golpea con especial dureza a los exportadores lácteos de la Unión Europea, Nueva Zelanda y Estados Unidos, líderes en el envío de queso y leche en polvo. El desafío no es solo el destino, sino el trayecto.
Ante la inseguridad en la zona, gigantes navieros como Maersk y MSC han optado por suspender sus reservas en la región o desviar sus flotas por el Cabo de Buena Esperanza. Esta maniobra añade miles de kilómetros al recorrido, disparando los costos de flete y extendiendo los tiempos de tránsito. Para una industria que depende de una cadena de frío impecable, cada día extra en el mar representa un riesgo crítico de pérdida de mercadería y un aumento inevitable en los precios finales.
Extractado de superstaff.com y UN Trade & Development.