En el Salón Internacional de TodoLáctea, Mercedes Baráibar (INALE) y Ércole Felippa (CIL) cruzaron visiones técnicas y comerciales sumamente interesantes sobre la agenda de inserción global del bloque, el impacto real del demorado tratado con la Unión Europea, y las asimetrías impositivas o de competitividad que enfrentan las industrias lácteas de Argentina y Uruguay de cara a los mercados externos.
La analista uruguaya señaló que el acuerdo Mercosur–Unión Europea incluye dos capítulos clave para el sector lácteo que, si bien plantean una apertura comercial recíproca, exponen asimetrías entre los bloques. Por un lado, el capítulo de acceso a mercados establece cuotas equivalentes; por otro, el de propiedad intelectual regula las indicaciones geográficas, un terreno históricamente dominado por la Unión Europea. “El principal es el capítulo de acceso a mercados lácteos, que en el marco del acuerdo otorga cuotas recíprocas de acceso de leche en polvo por 10.000 toneladas, de fórmulas infantiles por 5.000 toneladas y de quesos por 30.000 toneladas. Todas estas cuotas con desgravación intracuota progresiva hasta llegar a ser cero en 10 años”, detalló la economista del área de Información y Estudios Económicos de INALE.
Si bien está esa reciprocidad de cuotas – las mismas que el Mercosur le otorga a la Unión Europea en términos de volumen son las mismas que la Unión Europea le otorga al Mercosur- “estamos hablando de situaciones bastante asimétricas. Los países del Mercosur, aunque tengan una mejora de acceso en Europa, les es más difícil ingresar a Europa que el acceso que pueda tener la Unión Europea en el Mercosur”, apuntó Baraibar.
Respecto al impacto del acuerdo, Ércole Felippa relativizó el impacto por su escaso volumen relativo pero explicó que el tratado funcionará como una carta de presentación internacional o «sello de calidad» institucional que facilitará la apertura de nuevos mercados de manera indirecta. Señaló que al consolidar un estándar de negociación con un bloque tan exigente en normas fitosanitarias, ambientales y de calidad como la Unión Europea, automáticamente se eleva el estatus comercial de la región ante el resto del mundo lo que permitirá un mejor acceso a terceros mercados.
El presidente del Centro de Industria Lechera (CIL) planteó que el camino es diversificar hacia suero desmineralizado, concentrados de proteínas de suero (WPC) y fórmulas infantiles, productos técnicos que demandan alta inversión en tecnología pero que abren los mercados más rentables del mundo y no sufren las mismas trabas arancelarias que un producto tradicional de góndola.
Más allá del tipo de producto, Felippa hizo hincapié en una advertencia fundamental: a la Argentina no le alcanzará con elegir el producto correcto si el esquema fiscal no cambia. Explicó que, al no contar con reintegros a la exportación, el país termina exportando impuestos ocultos dentro de la leche en polvo o los quesos. Esto quita competitividad de precio en el exterior frente a la mercadería de competidores como los europeos o neozelandeses, sin importar la excelente calidad del producto lácteo argentino.
El panel dejó en claro que, lejos de ser un beneficio, el sistema de cuotas pone a la defensiva a la cadena láctea sudamericana, forzándola a reconfigurar su estrategia comercial para no perder los mercados que hoy sostienen al sector.