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Galicia: los tambos se redujeron a la mitad en una década pero ganaron en competitividad

Galicia: los tambos se redujeron a la mitad en una década pero ganaron en competitividad

En el noroeste de España, Galicia sigue siendo una potencia lechera. Allí la transformación del sector ganadero gallego es evidente. Hay menos tambos que hace una década pero aquellos que siguen en el negocio son más competitivos, y ajustándose a la normas sanitarias y medioambientales que plantea Bruselas. Con muchos créditos tomados por el sector, esta actividad productiva es la que menor tasa de morosos tiene en la banca española.

La evolución ha sido constante. También la modernización para adecuar la producción de leche a nuevos sistemas y exigencia de mercado. En la última década, los tambos gallegos invirtieron 1.200 millones de euros para mejorar el negocio ganadero productor de leche de vaca.

Se calcula que un tambo intermedio que produce entre 300 y 750 toneladas de leche anuales invirtió a razón de entre 120 mil y 190 mil euros desde el 2009. Estos fondos son la mitad de lo invertido por los establecimientos de grandes dimensiones, proveedoras de hasta un millón de kilos anuales a sus industrias lácteas. Las más pequeñas, en los últimos diez años debieron enfrentar una inversión de entre 55 mil y 75 mil euros para mantenerse en el negocio.

El seguimiento gubernamental de los programas de mejora se tramitan ante la Consellería del Medio Rural, allí para participar y contar con la asitencia oficial, el ganadero debe apostar a una inversión superior a los 110 mil euros para sumarse al programa de apoyo oficial.

Según un informe publicado en La Voz de Galicia, estos fondos dejan abierta la apuerta a recibir subvenciones de la Comunidad Autónoma Gallega a año vencido por unos 52 millones de euros, a través de los planes de mejora como de ayuda por la incorporación de jóvenes o el desarrollo de pequeñas explotaciones lecheras.

Angeles Vázquez, conselleira del Medio Rural de la Xunta de Galicia, recorre instalaciones de la Sociedad Agraria Berlai en Guntín, Lugo.

Con este proceso de inversión en marcha -en una economía como la Española que contó con una inflación del 0,1% interanual en octubre de 2019, y un costo de vida acumulado entre enero-octubre del 0,7% contra igual período del 2018-, el sector tambero gallego aumentó su producción de 2,2 millones de toneladas de leche a 2,8 millones desde el 2008 a la actualidad.

Allí el número de productores se redujo prácticamente a la mitad en una década: al pasar de unos 13.591 que estaban en activo hace una década a 7.320 que hay actualmente. Sin embargo, los tambos lograron aumentar casi un 20% la producción de sus vacas. 

La inversión se hizo notar al igual que el seguimiento oficial a través de los programas de la Xunta de Galicia. Para los tambos incluidos en esos programas, sus vacas en el 2009 daban más de 8.700 litros de leche anuales, y actualmente dicha cifra se elevó a casi 10.300 litros.

Endeudamiento

José García Freire, ganadero de Pantón, Lugo.

La necesidad de cumplir con los requisitos que demanda la Unión Europea y la falta de rentabilidad que ofrece el negocio llevó al sector tambero en Galicia a optar endeudarse para seguir en el negocio lácteo. Según se indica desde el sector, las explotariones lecheras gallegas cuentan con un endeudamiento promedio que ronda los 70 mil euros.

Más allá de esto, el ganadero nunca deja de pagar su deuda con los bancos: así esta actividad es uno de los sectores económicos con menor tasa de morosidad bancaria, como reconocen desde varias oficinas financieras de las principales comarcas agroganaderas de la comunidad gallega.

Estímulo al empleo jóven y capacitación en el exterior

Juan Pablo López Fernández cursó un Ciclo Superior de Xestión e Organización de Empresas Agropecuarias, estuvo dos meses en Irlanda y otro en Francia viendo cómo se trabajaba y, ahora, con 24 años, ha transformado por completo la ganadería de sus padres en San Juan de Campo (Lugo) con una inversión de 480.000 euros. Dice que el sector lácteo en Galicia «tiene mucho futuro».

Juan Pablo reconoce que el trabajo ha cambiaro: «Acá exclavitud hay poca en el tambo. Tenemos un empleado. Trabajamos de 9 a 13, y de 19 a 20.30. Los fines de semana nos vamos turnando y tenemos quince días de vacaciones en el verano y después nos vamos tomando los días para cuando haga falta».

Buenos Aires, 21 de noviembre de 2019

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