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La amenaza silenciosa

La reaparición del “Blue Tongue” en las Islas Británicas abre una discusión sobre la vulnerabilidad sanitaria en muchos países. ¿Podrá llegar a la Argentina?

La amenaza silenciosa

El Virus de la Lengua Azul (VLA) o Blue Tongue en inglés, ha evolucionado desde una forma exótica, con su origen en África, restringida en el pasado a regiones de clima cálido, a una más amplia con la potencialidad de convertirse en endémica en áreas de clima templado.

Las pérdidas económicas asociadas con la presencia del VLA están relacionadas con restricciones en el comercio internacional de animales y productos, pérdidas directas debidas a la enfermedad y por costos por pruebas diagnósticas, cuarentena y programas de vigilancia epidemiológica.

En el otoño del año pasado el serotipo 3 reapareció en Gran Bretaña, con los primeros casos notificados en el sur y este de Inglaterra en septiembre. La actividad del virus de la Lengua Azul en Gran Bretaña continúa en aumento, con cerca de 200 casos confirmados en lo que va del ejercicio, casi todos reportados en Inglaterra y un grupo más pequeño observado en Gales.

La presentación clínica varía significativamente entre especies. Mientras que, en las ovejas, el VLA suele causar síntomas agudos y graves caracterizados por fiebre alta, lesiones orales y nasales, y, en particular, una coloración azulada de la lengua, lo que frecuentemente conlleva altas tasas de mortalidad. Por el contrario, el ganado afectado suele presentar signos leves o subclínicos, pero sigue siendo un componente vital de la epidemiología de la enfermedad, ya que puede mantener el virus en el ambiente sin mostrar un malestar evidente, lo que complica la gestión de los establecimientos.

La implementación de vacunas contra VLA específicas para cada región es una herramienta preventiva crucial. Estos esfuerzos coordinados son necesarios para prevenir la propagación descontrolada del virus, que podría afectar gravemente las operaciones y el flujo de los productos animales.

 

¿Hay riesgo para la Argentina?

Fundamentalmente el VLA es una enfermedad transmitida por vectores y no se transmite por contacto directo con animales. La enfermedad depende de la picadura de insectos hematófagos del género Culicoides spp para su transmisión, especialmente cuando las condiciones climáticas favorecen su proliferación. Esta dependencia del vector implica que el manejo de la enfermedad está intrínsecamente ligado a los protocolos de control de insectos y al monitoreo ambiental.

Si bien, en nuestro país no se han reportado casos con signos clínicos de la enfermedad ni en bovinos ni en ovinos, sí se ha detectado serología positiva desde 1996 y el virus ha podido aislarse en cinco oportunidades. A diferencia de otras partes del mundo, tanto en Argentina como en el resto de Sudamérica, la información sobre la presencia del virus y sobre la enfermedad es escasa, como consecuencia de relevamientos aislados que no permiten detectar y comprender la circulación del virus en la región.

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