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«Las chicas» de los Mulcahy: pasto y renta de la mano

Nota publicada en la última edición de la revista Infortambo, correspondiente a mayo de 2020

«Las chicas» de los Mulcahy: pasto y renta de la mano

Hace cinco años atrás, los Mulcahy se volcaron a un modelo pastoril intensivo donde eliminaron hasta el mixer en primavera. Con un rodeo de 1.400 vacas en ordeñe alcanzan los 1.200 kilos de SL/ha/año –aproximadamente 18.000 litros corregidos/ha/año–, con pasturas según ambiente pero donde la festuca está presente en más de la mitad de la superficie.

Desde la localidad bonaerense de 9 de Julio, los Mulcahy se dedican persistentemente a la producción de leche desde hace 40 años. En sus dos tambos con 1.400 vacas en ordeñe, promedian los 1.200 litros de sólidos lácteos por hectárea/año que considerando su nivel de sólidos cercano al 8% –4,2% de GB y 3,75% de PB–, representan 15.000 litros de leche/ha/año.

Un valor en litros que si se realizara la corrección por el valor promedio país, habría que aumentarle veinte por ciento. Esta escueta presentación ya revela que existe una segunda generación en la familia trabajando y que han conseguido con los años, un elevado nivel de productividad con un sistema donde el pasto es el centro. “Los últimos cinco años han sido buenos pero básicamente es consecuencia de un cambio de enfoque del sistema”, explica Alejandro Mulcahy, gerente de “Las Chicas”, el nombre del establecimiento familiar.

Antes apuntábamos a la producción de leche por vaca. Y lo cierto es que nunca lográbamos alcanzar los objetivos que  nos planteábamos con el nutricionista. Si el objetivo eran treinta litros, sacábamos veintisiete porque siempre había algo que nos condicionaba. O los mosquitos, o la lluvia, o la seca, siempre había algo.”

El camino del pasto

La salida no fue realizada en soledad. Los Mulcahy participan del CREA 9 de Julio, un grupo entusiasta de las producciones pastoriles. “Se empezó a fertilizar las pasturas, a suplementar menos y presionar con la carga. Se dejó de mirar la producción individual de la vaca para mirar otros parámetros como la producción por hectárea. La producción de pasto de calidad y la carga pasaron a ser importantes, produciendo y cosechando más forraje”, continúa Alejandro.

«Por supuesto seguimos dando balanceado en la sala –un promedio de 8 kilos según producción–, y silo de maíz en el mixer estratégicamente, pero cuando llega la primavera no se mueve más un carro. El objetivo es que la vaca esté siempre con ganas de comer pasto casi diría que esté hambreada”.

En su tablero de comando tienen claro que el porcentaje del cheque que se destina a la alimentación no puede superar el 30 por ciento, incluida la vaca seca. “Es una luz amarilla cuando superamos ese valor”, asegura. “El pasto pasó a representar cerca del 45 por ciento de la dieta”.

Pero quizás la variable donde más impacto termina teniendo el resultado es la carga animal que en el caso de “Las Chicas” ronda las 2 vacas totales/Ha VT. “Eso nos permite tener alrededor de 700 vacas por tambo que es un valor en equilibrio para el sistema que tenemos. Cuando hemos intentando aumentar este número, nos terminaba pegando mal en nuestros índices. Caída la reproducción, aumentaba la mortandad y perdíamos eficiencia”.

Aunque en general el grupo CREA está volcado a los sistemas pastoriles intensivos, cada uno de sus miembros ha tomado caminos diferentes a la hora de elegir el biotipo lechero. Mientras los Mulcahy han empezado a adoptar a la cruza del Jersey con el Holstein, ambos de líneas americanas en un cincuenta por ciento de su rodeo Holstein, otros se han volcado a la cruza kiwi, al Jersey puro o incluso al Holstein puro también. “No creo que la raza defina”, asevera.

«Logramos nuestros resultados también con el Holando”

Preocupados por las vacas de 700 kilos de peso y sesenta litros de producción hace seis años decidieron empezar a inseminar con Jersey aunque aún siguen probando. “Estamos muy satisfechos con la cruza en muchos sentidos, pero también la Holstein está retornando por medio de la genómica a un camino para recuperar salud y fertilidad.”

Mientras van definiendo un biotipo o no, ya que no se ven muy apurados, con el semen sexado van teniendo muy buenos resultados que les permite contar con un excedente de vaquillonas para aumentar la presión de selección del rodeo.

Desafiando el sistema

Por supuesto que no alcanza con el deseo de acumular vacas, si realmente no existe un planteo consistente en materia de producción de pasturas. Para ello, los Mulcahy no sólo juegan en la cancha con la alfalfa, un clásico en el oeste bonaerense, sino que complementan exitosamente con las festucas que cubren más de la mitad de las 850 has de superficie útil que cuentan. “Aunque seguimos teniendo alfalfas puras también utilizamos en los mejores lotes, las medias lomas, pasturas con alfalfas y festucas mediterráneas como la Flecha. Al utilizar estos materiales que tienen dormición en el verano, se complementan perfectamente con la alfalfa y nos permiten lograr pasturas que duran cuatro años y una mayor estabilidad forrajera. En lotes con más limitantes, más bajos, utilizamos pasturas con festucas continentales mezclados con tréboles”, detalla Alejandro.

Las festucas se aprovechan al límite. “La rotación es muy rápida. En primavera e incluso en el verano, llegamos a dar la vuelta en trece o catorce días. En el día estamos ofreciendo constantemente alguna franja para que las vacas tengan siempre ganas de comer. Una vez que el rodeo come una parcela a fondo, se le ofrece otra. En este sistema, las vacas nunca dejan mucho remanente”, describe el gerente asegurando que es posible ver el espectáculo de 400 vacas lecheras encima de apenas dos hectáreas.

El manejo diario de la parcela la realizan los tamberos medieros con la supervisión de Alejandro quien los ayuda a tomar decisiones. “La verdad es que la damos palo y palo. La festuca se banca pastoreos continuos y muy intensos. Y no tenemos miedo de ir a fondo.

Incluso a veces en el verano por necesidad, las seguimos pastoreando con la misma intensidad aunque sabemos que deberíamos darle algún descanso”.

Otra clave para que el sistema se exprese, es el “anabólico verde” que brindan aportando nitrógeno al suelo. Rutinariamente, las pasturas se potencian con un promedio de cinco fertilizaciones anuales. “Venimos de una seca prolongada en el tiempo donde no ha llovido suficiente ni en la primavera pasada ni en el verano, pero habitualmente realizamos dos fertilizaciones nitrogenadas en otoño –entre 80 a 100 kilos de urea por hectárea–, que se complementan con dos o tres fertilizaciones en primavera o verano”.

Rollos húmedos en primavera

Aunque los libros siempre recomiendan la importancia de aprovechar el rebrote de primavera con una carga adecuada, la realidad marca que las batallas para que las pasturas no se “pasen” generalmente se pierden si no se cuenta con las herramientas adecuadas. La situación se agrava con la festuca porque pasarse significa una pastura encañada que es necesario desmalezarla para “acomodarla”. En el caso de “Las Chicas” cansados de lidiar con contratistas que llegaban tarde o se quejaban porque le faltaba volumen al lote o porque eran pocas hectáreas, decidieron armarse su propio equipo con una tecnología que pocas veces se utiliza: el henolaje, un método de conservación intermedio entre la henificación y el ensilaje donde la humedad del forraje cortado a conservar a partir de un pre secado alcanza el cincuenta por ciento.

«No existe suficiente carga que se ajuste a la producción estacional de primavera. El corte para reserva es clave y empezar a hacerlo temprano es fundamental. Por eso ante la duda se hace rollo y vamos al límite. En esta zona es
imposible confeccionar un rollo seco en agosto pero sí hacerlo con cincuenta por ciento de humedad”, afirma.

Con su propio equipo de segadora, enrolladora y embutidora, llegan a confeccionar 500 rollos de esta manera, más los que realizan en forma convencional. “En cada bolsa caben veinticuatro rollos de un metro y medio de altura. Y aunque es cierto que puede ser caro el sistema, nos permite aprovechar cada remanente, de a tres o cinco hectáreas que van sobrando, para hacer reservas y evitar que las pasturas se pasen. Y lo que es más importante empezar a enrollar en agosto o septiembre cuando nadie por condiciones climáticas puede hacerlo produciendo un material muy palatable y apetecible para el animal”, relata.

“Cuando llega esa época, el mixero abandona el mixer, para arrancar con los cortes”.

Mantener el estado vegetativo de las festucas es clave para mantener la calidad y el equipo de trabajo de “Las Chicas” lo tiene claro. “Una festuca cespitosa genera macollos y tiene la calidad que buscamos”, asegura.

De la mano de las festucas y alfalfas, de la fertilización metódica y de un intenso manejo del pasto a través de altas cargas, en “Las Chicas” saben que los pilares están bien afianzados. Allí el futuro se construye sobre cimientos firmes.

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