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Maíz tardío, una opción para años “Niña”

Maíz tardío, una opción para años “Niña”

El cultivo de maíz es el que mejor responde a la mejora del ambiente y a la tecnología aportada. Adicionalmente, es el cultivo que más ha evolucionado en rendimientos, permitiendo alcanzar techos productivos impensados hace unos años.

No siempre el ambiente productivo es el ideal u óptimo para maximizar rindes; desafiándonos a encontrar estrategias productivas más defensivas, como es el caso del maíz tardío.

Estos conceptos fueron publicados por la revista Horizonte A, a partir de un trabajo realizado por la empresa Okandu.

En muchas regiones, la presencia de napa freática es clave para definir esta segunda variable, por su influencia positiva sobre el rendimiento. A eso se suma el manejo de pronósticos extendidos que definan probabilidades de ocurrencias de precipitaciones. Así, en años con adecuada oferta hídrica, por pronósticos favorables y/o por presencia de napa, la potencialidad del ambiente se verá maximizada, lo cual nos habilita a plantos de alta productividad.

Por el contrario, restricciones hídricas nos imponen un techo productivo menor a la vez que aumentan los riesgos; siendo un manejo defensivo probablemente la respuesta mejor adaptada a ese escenario. La campaña 2020/21 presenta un escenario desafiante, por la alta probabilidad de un fenómeno “La Niña”, caracterizado por una menor oferta hídrica, haciendo que el cultivo tenga altas chances de transitar por períodos de sequía y estrés térmico.

Justamente en años Niña es de esperar que – en zona núcleo – las menores precipitaciones se den entre noviembre y enero, y la siembra de maíces en fechas tardías (diciembre) pasa a ser una opción interesante para lograr rindes medios aceptables y disminuir el riesgo productivo.

En fechas de siembra de diciembre, el cultivo de maíz tendrá su período crítico en febrero; logrando sortear los meses de menores precipitaciones en años Niña y también reduciendo riesgo de estrés térmico que se da en mayor medida en enero. Si bien en febrero la radiación es menor, lo cual limita la potencialidad de rinde, el cultivo tendrá mejores chances de lograr rindes medios aceptables, incluso por encima de los 9.000 o 10.000 kg/ha.

En síntesis, en un año Niña repartir entre fechas tempranas (en lo mejores lotes y con presencia de napa) y fechas tardías (ambientes con mayor riesgo hídrico) permitirá bajar los riesgos productivos y apuntar a rendimientos medios aceptables; lo cual resulta clave para la viabilidad de la empresa.

Variables que impactan en el rendimiento

Las principales variables que definen el rendimiento en maíz varían en su impacto según se trate de maíces tempranos o tardíos. Según Vintantonio-Mazzini et al. en un trabajo realizado por Facultad de Ciencias Agrarias (UNR) y la Región CREA Sur de Santa Fe, las variables más importantes en la definición del rendimiento en maíces tempranos fueron: Densidad, Nitrógeno, presencia de napa y precipitaciones. En tanto que en maíces tardíos las variables de mayor impacto fueron: Precipitaciones, presencia de napa, Fungicidas, nutrición fosforada, y Nitrógeno.

Por el lado de OKANDU, desde hace varias campañas venimos evaluando el impacto de la genética, la densidad y el manejo nutricional en maíz temprano y tardío. Respecto a este último cultivo, específicamente, cada híbrido evaluado es sometido a tres niveles de densidad poblacional: baja (63.000 pl/ha), media (84.000 pl/ha) y alta (99.000 pl/ha). A su vez, cada densidad es cruzada con tres tratamientos nutricionales: Testigo (sin aporte de nutrientes vía fertilizantes); nutrición media (80 kg/ha MAP + 120 kg/ha urea), y nutrición alta (160 kg/ha MESZ + 330 kg/ha urea). Al respecto, la respuesta a los diferentes manejos depende de la oferta ambiental.

Aquí dejamos la nota completa realizada por la Revista Horizonte A

Maíz tardío, una opción para años “Niña”

Buenos Aires, 8 de noviembre de 2020

 

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