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Trazabilidad y contratos, las claves del negocio de los maíces especiales

Trazabilidad y contratos, las claves del negocio de los maíces especiales

El 82% de los hogares de Estados Unidos compra orgánicos, un mercado de 50.000 millones de dólares anuales que crece 5,9% anual; 75 millones de millennials son ‘orgánicos’, principalmente los de entre 18 y 34 años”, dijo Víctor Pino, director de Compras Globales Orgánicos de Perdue AgriBusiness, una empresa con más de un siglo de vida, y la mayor en ventas en los Estados Unidos.

“La demanda sigue creciendo, pero a una tasa menor, aunque el porcentaje de comida orgánica crece sobre el total de alimentos”, señaló.

El National Organic Program (NOP) del USDA fue desarrollado para la producción doméstica. Ahora, por la alta demanda de materia primas que experimentó Estados Unidos, el NOP está verificando la integridad orgánica de lo importado, “un proceso productivo largo, engorroso y caro”, definió Pino. Ese proceso va desde la semilla, que es no modificada genéticamente (no-OGM) hasta el puerto, a través de diez pasos con ocho puntos de control. “La trazabilidad es extremadamente crítica”, dijo Pino.

Una característica del mercado de maíz orgánico es que los precios colapsan después de una recesión económica. Pero tiene un diferencial importante: en Iowa, en los últimos 14 años, se ha pagado entre 67 y 382 dólares de premio por tonelada, explicó el ejecutivo.

El Congreso Maizar 4.0 tuvo lugar para analizar el universo de los maíces especiales con empresas que operan en los tres principales países productores: Estados Unidos, Brasil y la Argentina. Participaron de este panel Víctor Pino, de Purdue AgriBusiness; Leandro Carneiro, de Milhao Alimentos, y Sergio Casas y Carlos Tovagliari, de CAMPI, en el panel “Especialidades en maíz, un negocio que crece”, moderado por Lucas Borras, del CONICET.

“La Argentina es un país extremadamente competitivo, con trazabilidad completa”, dijo, y destacó que, desde 2013, Purdue lleva compradas en el país 460.000 toneladas. “Se traslada en barcos de 30.000 toneladas”, indicó.

Una problemática en el mercado es que algunos compran maíz orgánico en los países del Mar Negro, pero como no lo pueden trazar, lo tienen que moler, y el orgánico tiene que competir con ese, explicó Pino.

Luciano Carneiro es director de Milhao Alimentos, un molino grande de Brasil que trabaja con no-OGM desde hace 18 años, y produce ingredientes a partir del maíz flint. En 2019 comenzaron a producir nuevos ingredientes (con lentejas, porotos, garbanzos y otros), y arroz. Y están en plan de crecimiento: tienen muchas certificaciones, como USDA Organics, Sedex, FSSC, Kosher, entre las principales.

El destino de la producción es la industria alimentaria: condimentos, comida para niños, cereales, fábricas de cerveza, fideos instantáneos, pastas, snacks, panificados, como así también la industria de nutrición animal y la de celulosa, farmacéutica, química y otras.

“Consumimos 200.000 toneladas por año de maíz flint, 15.000 toneladas de maíz blanco, 10.000 toneladas de palomitas y 1.200 de orgánicos”.

Brasil está cosechando 250,5 millones de toneladas de maíz este año, dijo, con dos zafras; el 75% de la producción se concentra en la 2° zafra, con poca lluvia. Por otra parte, “el 93% del maíz de Brasil es OGM, y parte del 7% restante está contaminado”, dijo.

La empresa está ubicada en el centro de Brasil, en Goiás, el tercer estado en el ranking de producción de maíz, después de Mato Grosso y Paraná. “Se encuentra cerca de las tres principales regiones cultivadas de maíz. Tiene los productores en un radio de 300 km, y facilidad logística para exportar”, dijo Carneiro. Goiás le vende 3 millones de toneladas de maíz a otros estados, y 3,7 millones de toneladas a otros países.

“Para que el maíz cumpla con las características que se necesitan, trabajamos en asociación con los productores, con varios beneficios”, explicó. Y reconoció que “es complicado atraer a los productores”.

La empresa también utiliza maíz no-OGM porque lo destina a comida de bebés, con bajo riesgo de micotoxinas. “Es importante que los granos se sequen naturalmente en el campo”, dijo. Por otra parte, el flint no-OGM es mejor para las escamas de maíz (flakes), permite mejor granulometría, aseguró.

Carlos Tovagliari y Sergio Casas, de CAMPI, trazaron una descripción del negocio del maíz pisingallo, o pop corn, del que la Argentina es el primer exportador mundial. Según explicaron, la CAMPI está integrada por 12 empresas que representan el 73% de las exportaciones del país, aunque en total exportan unas 70 empresas.

Utilizan híbridos simples, no-OGM, con diferentes características de uso comercial. El pisingallo emplea una batería de insumos similar a la del maíz convencional, aunque rinde aproximadamente la mitad. Aquí la cosecha es el momento crítico en cuanto a la calidad de expansión del grano (que es lo más importante). El transporte debe evitar las contaminaciones cruzadas, y la mercadería se almacena en el establecimiento del exportador. “Es muy importante preservar el no-OGM, en los mercados de destino pueden rechazar el cargamento si se contamina”.

La producción de esta especialidad fue declarada economía regional: la industria del pisingallo exporta más de 100 millones de dólares a más de 100 países, tiene 1.250 empleos directos y el doble de indirectos, y 51 plantas industriales.

Por las características del negocio, es el exportador el que coordina toda la cadena de valor. Se exporta de a un contenedor, cada uno con sus requisitos. Y en el mercado interno se consumen 5.000 toneladas.

Tovagliari y Casas insistieron en que es un negocio en que se debe hacer una “originación inteligente”: esto es, producir lo que el mercado necesita, en calidad y cantidad suficiente, para no generar ni escasez ni una sobreproducción, como sucedió en 2010, cuando la cosecha excesiva volteó el precio. “Al productor le conviene producir bajo contrato con algún exportador conocido. La trazabilidad es el hilo conductor de todas las especialidades”, dijeron.

El crecimiento de Brasil complicó a la Argentina: “Hacia 2005, Brasil importaba 40.000 toneladas; en 2015 irrumpió, dejó de comprar, y después pasó a exportar 60.000 toneladas, o sea que nos complicó con 100.000 toneladas”, explicaron. La Argentina sigue siendo líder mundial y formadora de precios, aunque menos fuerte que hace unos años,  y ha bajado su producción.

En el ranking de exportación de pop corn, la Argentina está primera con 220.000 toneladas; segundo Estados Unidos, con 170.000; tercero Brasil, con 75.000; cuarto Sudáfrica, con 40.000, y otros países con 18.000. “El mercado global supera las 500.000 toneladas, creciendo tranquilo, con aumento del producto listo para el consumo”.

Buenos Aires, 3 de julio de 2020

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