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Inminente final para el único tambo que queda en área de Cañada Rosquín

Inminente final para el único tambo que queda en área de Cañada Rosquín

Alejandra Badino vive con «tristeza» la situación de crisis que enfrenta la lechería y en especial la actividad tambera.

Así lo expresó una nota que publicó el portal de La Nación. Allí Alejandra cuenta tus vivencias en una actividad que para ella entra en «cuenta regresiva», y lamentablemente está «al filo de perderlo». Ella tiene el único tambo que quedó luego de sucesivas crisis en una región productora de Cañada Rosquín, en el centro de Santa Fe.

«No lo dejo por gusto, nos obligan a hacerlo por miedo a que lo poco que uno tiene lo puede perder. Esa pasión por ser tambera la mamé desde chica yendo todos los días, feriado o no, a ordeñar o a dar de comer en la guachera. Es lo que hice toda mi vida y lo único que sé hacer. Hoy siento que toda esa vida está a punto de derrumbarse», indicó la productora de 54 años.

Desde los 13 años que es tambera, aprendió de sus padres en Cañada Rosquín, Santa Fe, donde ellos trabajaban. Apenas caminaba y ya pasaba horas en el corral. Cuando cumplió los 12 años y terminó la primaria en una escuela rural, no había secundaria cerca por lo que debió quedarse trabajando con las lecheras. «A veces pienso que me hubiese gustado seguir estudiando y ser veterinaria pero este amor que tengo por este oficio que me trasmitieron mis padres es enorme», relata.

Hoy tiene unas 50 vacas en ordeñe pero hace rato que los números no le cierran y solo sigue por el amor a su trabajo y a las vacas. «Solo quien está en esta actividad puede entenderme por qué seguimos y seguimos. Pasamos inundaciones, sequías, se tiró leche porque no la pasaban a retirar pero hace mucho tiempo que trabajamos a pérdida», detalla.

«Solo sobrevivimos tanto tiempo porque somos productores y tamberos a la vez, hacemos los trabajos nosotros mismos. Es el único tambo que ha quedado en la zona, ninguno aguantó y todos fueron cerrando», agrega.

El más decidido a darle un final es su marido. «Lo entiendo porque hoy nos pagan $23 por litro y producirlo nos sale $19. Además, nunca sabemos cuándo nos van a pagar. Nos pagan mes vencido y hoy nadie nos da plazos para pagar las cuentas. Pero yo siento mucha tristeza y a la vez responsabilidad por darle de comer a los animales», remarca.

Buenos Aires, 20 de febrero de 2021

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